DE BLANCO Y AZABACHE

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DE BLANCO Y AZABACHE

Sofía Vaca U. (Corresponsal América)                                                           Foto cortesía Web Andrés Roca Rey

No hay duda que el clima de Quito es bastante peculiar. Quien tiene la oportunidad de pasar unos días en la Mitad del Mundo puede vivir las cuatro estaciones en un solo día. Después de una semana llena de sol y calor, llegaron las nubes negras, que encapotaron el cielo, y tiñeron de gotas de lluvia el albero de la Plaza de Toros Belmonte. Por segundo año consecutivo, empresa, ganaderos y aficionados, se vieron obligados a reacomodar las condiciones del ruedo, para que estas permitan el lucimiento de los toreros anunciados en la tarde del sábado 2 de diciembre.

Increíblemente, en medio del gris del ambiente, los tres matadores de toros, llegaron a la Plaza vestidos con sus trajes goyescos de blanco y azabache. Antonio Ferrera, Andrés Roca Rey y Ginés Marín, entre la preocupación y la confianza de que en Quito, ni la lluvia puede parar una tarde de toros, tras un momento de espera, rompieron el paseíllo, ante un público que demoró en llenar el coso quiteño.

La tarde, sin lugar a dudas, fue del veterano del cartel Antonio Ferrera con un toro de la ganadería de Triana. Con el capote hilvanó verónicas de gran trazo, que fueron un abrebocas para lo que vendría después. Se lució en banderillas, abrigando los corazones de los aficionados capitalinos y poniendo de pie a los tendidos. Con la muleta realizó una faena inteligente por el pitón derecho, en el cual, el astado mostró mayor posibilidades. Lo intentó por el izquierdo, pero el de Triana dificultó la labor el extremeño. Recibió de los tendidos la primera oreja simbólica de la tarde. El triunfo rotundo vino en el segundo ante un toro de la ganadería de Huagrahuasi. Se lució con el capote, pero la entrega del público vino en el tercio de banderillas, el cual lo compartió con los subalternos ecuatorianos “El Ville” y “El Patatas”. Con la muleta realizó una faena importante, demostrando que se encuentra en el mejor momento de su carrera. Brindó excelentes tandas por el pitón derecho, aprovechando el recorrido que tuvo el astado. Por el izquierdo logró un par de tandas de naturales de gran estilo. Conectó con el público ligando derechazos en redondo, que pusieron a los aficionados de pie. Recibió dos orejas como premio a su faena.

Roca Rey se consolidó como favorito de los aficionados del Ecuador. Con el segundo de su lote tuvo la oportunidad de demostrar el por qué de haberse convertido en el mejor torero latinoamericano del momento. Recibió al de Triana con una espectacular serie de verónicas a pies juntos, rematando con una preciosa media que gustaron de sobremanera a los tendidos. Tras el brindis al público, dio inicio a la faena con una serie de estatuarios que mantuvieron al público en vilo. Se adornó con medios estatuarios, pases del desdén y trincherillas. Ligo, por el derecho, largas y profundas tandas de muletazos; toreando tan despacio que parecía que el tiempo se detenía. Faena completa y de gran transmisión. Para finalizar ejecutó lentos y largos circulares y luquecinas, ganándose por completo al público quiteño, de quien recibió dos orejas. No tuvo suerte con el quinto, un toro complicado, falto de fuerza que no le permitió el lucimiento. A pesar que el peruano lo intentó, el de Huagrahuasi no colaboró. Escuchó palmas desde los tendidos.

Debutó en Quito, el jerezano Ginés Marín. Recibió al tercero de la tarde, astado de la ganadería de Huagrahuasi, desplegando el capote para trazar verónicas a pies juntos. Ejecutó un magnífico quite por saltilleras que emocionaron al público. Con la muleta realizó una faena de menos a más, a un novillo que se mostró falto de fuerzas. Toreo suave por ambos pitones, enlazando pases largos y cadenciosos. Finalizó su labor con varias series de ayudados por alto. Paseó una oreja, tras una fuerte petición del respetable. El sexto de la tarde, fue un toro de la ganadería de Triana de buenas hechuras, con nobleza y bravura. En el saludo capotero, se lució con grandes lances a la verónica y vistosos quites. Ya con la muleta, el español, realizó una faena contundente por ambas manos. Se adornó con manoletinas y cambiados por la espalda que calaron en el público. Recibió una oreja con fuerte petición de la segunda, que la autoridad finalmente no concedió.

Finalizó con gran éxito la segunda tarde en la plaza Belmonte de Quito. Los tres toreros en hombros y el cielo de Quito más azul que nunca. Y es que aquí, no importa que el tiempo se ponga inclemente. En la capital del Ecuador se torea, llueve, truene o relampaguee. En definitiva, no hay poder natural o sobrehumano que pare a la afición quiteña.

 

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